Capítulo 7

Los movimientos y el trabajo organizativo

Nuestros movimientos deben llenar las brechas importantes que existen en el ecosistema del movimiento. Dado que necesitamos mucho más poder para alcanzar nuestros objetivos, y dado que el poder de un movimiento se mide por la cantidad de personas movilizadas, debemos reorientar decididamente nuestro movimiento hacia la organización y la construcción de poder. Y dado que nos enfrentamos a amenazas urgentes por parte de un régimen autoritario, que podría hacer retroceder décadas a nuestras luchas, los movimientos campesinos deben participar activamente en un frente unido para defender y promover los derechos democráticos.

¿Qué es lo que se necesita? Más organizaciones con “rampas de acceso” y portales de entrada, para que quienes ahora son espectadores puedan pasar a la acción y encontrar una forma de incorporarse al trabajo. Más campañas nacionales que reúnan a activistas de diversos sectores con un propósito estratégico específico. Podemos pensar en la labor actual de creación de coaliciones nacionales y de un frente unido como una rueda con radiales, en lugar de una pirámide jerárquica y vertical. Pero la rueda tiene que tener un eje y un centro para conectar los radiales. Y es necesario que haya una educación política más seria y rigurosa, tanto en términos históricos como teóricos.

Barbara Ransby, Making All Black Lives Matter
[Hacer que todas las vidas negras importen]

“Una de las lecciones es que hay que formar líderes y organizadores, y unirse si se quiere avanzar... Nuestro movimiento se encuentra en una fase muy temprana. Pero tenemos esta mentalidad de control remoto, lo queremos todo rápido, queremos el techo antes de tener el edificio o los cimientos. Todo movimiento necesita una base y esa base son los cadres o cuadros comprometidos, comprometidos con la teoría y la práctica. Es fácil ser un soldado optimista, pero cuando llega la lluvia necesitas una ideología que te ayude a comprender, a perseverar y a permanecer. No un superhombre o una supermujer, sino un organizador, arraigado en la comunidad.

Willie Baptist, citado en More Than We Imagined
[Más de lo que imaginamos]

Nuestros movimientos son débiles debido a las brechas en el ecosistema del movimiento#

En nuestro análisis del panorama más amplio y a lo largo de este informe, destacamos los retos, amenazas y oportunidades de este momento político con el fin de defender un ambicioso conjunto de objetivos a largo plazo: la reconstrucción de la agricultura y la sociedad estadounidenses. La única fuerza capaz de lograr tal reconstrucción es un movimiento conformado por movimientos, un levantamiento de toda la sociedad que exija un cambio real. Sin embargo, los movimientos estadounidenses se encuentran en una situación débil tras muchos años de derrotas y represión estatal, incluyendo las leyes como Jim Crow, múltiples cacerías de bruja y Programas de Contrainteligencia en contra del comunismo y la represión sindical, así como las tácticas más suaves de la filantropía y el “complejo industrial de las organizaciones sin fines de lucro”.1

Pocos sectores han sufrido tanto este nivel de represión como la agricultura, donde las políticas agrícolas discriminatorias, la industrialización, las políticas de inmigración y, especialmente en el caso de los trabajadores agrícolas y los agricultores negros, la violencia de los grupos policiales ha socavado las bases del poder popular (véase el Capítulo 2). Ante el vacío de la movilización popular, el sector sin ánimo de lucro ocupó el espacio, primero con el auge de los bancos de alimentos y más tarde con la entrada del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) en la agricultura sostenible y los sistemas alimentarios comunitarios.2 Hoy en día, la mayor parte del trabajo político y de defensa en materia de alimentación y agricultura se lleva a cabo dentro de un denso complejo de organizaciones sin ánimo de lucro, que rara vez tiene base en los movimientos populares. Aunque el movimiento orgánico tiene algunas raíces en la Nueva Izquierda y en ocasiones se remonta a la tradición agraria radical, la política del movimiento nunca ha sido uniformemente progresista, ya que desde hace tiempo se ha visto empañada por el auge de la industria orgánica; por una mitología agraria de granjas familiares con políticas cuestionables; por el énfasis en el estilo de vida personal por encima de la acción colectiva; y por el legado anti-pobre y supremacista blanco de los movimientos de “alimentos puros” y “alimentos saludables”.3

Desde una perspectiva más amplia, hay señales prometedoras de reactivación para nuestros movimientos en la actualidad. Los años posteriores a 2008 han traído consigo un resurgimiento del trabajo organizativo y las protestas, cuando muchos jóvenes recién politizados comenzaron a interesarse por el trabajo sindical y comunitario con una renovada esperanza en el cambio social. Sin embargo, muchos organizadores veteranos ofrecen una evaluación más sobria de las condiciones del movimiento: aunque las nuevas generaciones de organizadores han aportado niveles renovadores en términos de creatividad y compromiso al trabajo, se incorporan a un ecosistema de movimientos que, en su mayoría, carece de instituciones sólidas que sirvan de guía y tengan la capacidad de desarrollar las habilidades de los nuevos miembros.4 Sin una tutoría basada en las tradiciones del trabajo organizativo, las personas que se unen al movimiento tienen dificultades para dar sentido a sus experiencias y formar expectativas realistas sobre sí mismas y las demás personas, lo que conduce al agotamiento, los conflictos y otras tendencias destructivas. Sin unos pilares sólidos, nuestras organizaciones suelen funcionar sin objetivos claramente definidos, sin análisis de poder ni estrategia; y nuestros movimientos tienen poca capacidad estratégica, es decir, carecemos de las habilidades, la orientación y los espacios necesarios para involucrar a un gran número de personas en un proceso continuo y de base, de desarrollo y ejecución de la estrategia del movimiento.5 Años de circunstancias difíciles y necesidades urgentes nos han llevado a brindar servicios a nuestra gente y a construir espacios comunitarios que sean acogedores, lo que nos ha dejado con poca energía y recursos para el trabajo de organización.6

En el contexto de este ecosistema de movimientos debilitado, nuestra conexión con nuestros antepasados radicales queda rota, nuestro poder y nuestras ambiciones se reducen, y se hace más difícil organizarnos colectivamente para alcanzar objetivos transformadores. En el caso del movimiento de la agricultura orgánica, esto ha llevado a un énfasis excesivo en el espíritu emprendedor, el estilo de vida y consumo individuales, y la caridad. No tenemos el poder popular necesario para ganar nuestras propuestas políticas; creamos instituciones alternativas que no podemos ampliar; y desarrollamos prácticas agrícolas ecológicas que no podemos difundir ampliamente. En el caso del movimiento de los trabajadores agrícolas, nos vemos atrapados en gran medida en luchas defensivas contra los daños más inmediatos —acoso sexual, robo de salarios, exposición a pesticidas, deportación— con pocas esperanzas de que el trabajo en sí sea menos explotador o agotador. Para salir de estos círculos viciosos se necesitará el poder del pueblo, además de mucha coordinación y alineación, y esas no son cosas que nuestro ecosistema de movimientos actual esté orientado a construir.

Debemos abordar estas deficiencias institucionales si queremos realmente construir un poder popular y revertir nuestra trayectoria de desmovilización y derrota a largo plazo. Los veteranos del movimiento enfatizan la necesidad de espacios para la reflexión, el debate y la educación política; vías de acceso para traer a nuevas personas al movimiento y el desarrollo de cadres comprometidos; claridad sobre las funciones y el estatus de los organizadores profesionales; prácticas que construyan organizaciones saludables y resilientes; desarrollo de habilidades en torno a la formulación y ejecución de estrategias; y mucho más (ver el apéndice para recursos).7 Relativamente poco de estas discusiones ha llegado a los movimientos agrícolas, pero nuestro movimiento tiene mucho que ganar al prestar atención a estas brechas.

En el resto de este capítulo, destacamos tres brechas en particular que deben abordar los movimientos agrícolas: la necesidad de fortalecer y politizar los vínculos entre la economía solidaria y el resto del movimiento; la necesidad de orientar los movimientos agrícolas hacia una organización profunda; y la urgente necesidad de fortalecer nuestra práctica de coalición y construir frentes unidos para defender la democracia. Si nuestros movimientos pueden afinar nuestra práctica de estas maneras, estaremos mucho más cerca de conseguir la agricultura que nos merecemos.

Economía solidaria: “bloquear y construir”#

La “economía social y solidaria” (ESS, o a menudo simplemente “economía solidaria”) es tanto un ecosistema de economías alternativas como un movimiento para desarrollar esas alternativas (ver el recuadro). El movimiento ha crecido significativamente en las últimas décadas con la fundación de redes y organizaciones de apoyo, entre las que se destacan la Red de Economía Solidaria de EE. UU. (tras el Foro Social de EE. UU. de 2007) y la Federación de Cooperativas de Trabajadores de EE. UU.8 Las cooperativas sindicalizadas se han convertido en una oportunidad prometedora para el apoyo y el beneficio mutuos entre los movimientos sindicales y cooperativos.9 En el ámbito de la agricultura, los agricultores y trabajadores agrícolas más jóvenes están creando cooperativas agrícolas propiedad de los trabajadores, desarrollando un modelo de granjas democráticas e igualitarias que comparten de forma más equitativa tanto las cargas como los beneficios de la propiedad agrícola. Las cooperativas de productores han sido durante mucho tiempo una estrategia de ayuda mutua en la agricultura; y aunque estas cooperativas suelen enfrentarse a difíciles retos de gestión, el hecho de estar arraigadas en la comunidad y comprometidas entre sí es una fuente de fortaleza en tiempos difíciles, como es el caso ejemplar de la Federation of Southern Cooperatives [Federación de Cooperativas del Sur], una asociación de cooperativas agrícolas propiedad de personas negras.10 Las cooperativas minoristas de alimentos orgánicos siguen siendo algunas de las instituciones más alineadas con el movimiento en las economías solidarias locales.

  • La economía social y solidaria

    La economía social y solidaria es un término genérico o sombrilla que abarca una serie de actividades y organizaciones económicas que están arraigadas en las comunidades, encarnan valores igualitarios y solidarios, y están comprometidas con algún tipo de misión orientada a las necesidades o a la justicia social. Leer más

En la medida en que la economía solidaria como movimiento se basa en una visión y unos valores —es decir, en la medida en que busca que la comunidad controle el valor que nuestras comunidades crean—, supone una amenaza para el capitalismo corporativo.11 Por esta razón, el éxito y el crecimiento de la economía solidaria requieren un movimiento de masas. Necesita la fuerza que aportan el apoyo popular generalizado y la concienciación, porque los poderes fácticos no tolerarán una economía que se resista a la mercantilización de todo.

Ese nivel de politización e identificación consciente con un movimiento no está muy avanzado en los Estados Unidos en este momento, en comparación con otros lugares o incluso con otros momentos de la historia de los Estados Unidos. La economía solidaria como orientación del movimiento está mucho más desarrollada en América Latina, por ejemplo, donde los partidos y movimientos políticos fuertes proporcionan a sus miembros tanto un hogar político como necesidades materiales: algunos ejemplos son Ciudad Futura (Argentina), un partido político relativamente nuevo que también gestiona granjas lecheras que emplean y alimentan a sus miembros; la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) de Argentina, a través de la cual miles de pequeños productores cultivan y distribuyen alimentos a través de una red de distribución nacional; y el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST; Brasil), que, además de ocupar y rehabilitar tierras agrícolas en desuso propiedad de las élites, ha creado un sistema educativo rural que educa a los niños y ayuda a mantener y hacer crecer el movimiento.12 Podemos aprender mucho de estos compañeros del movimiento que operan a gran escala y con objetivos políticos explícitos.

También podemos aprender de importantes ejemplos de economías solidarias politizadas en la historia de Estados Unidos. A finales de la década de 1920, la Co-operative Central Exchange (CCE) era la cooperativa de consumo más grande del país, con 80 tiendas en la parte norte del Medio Oeste. La CCE surgió del Partido Obrero Finlandés y de la necesidad de proporcionar crédito para la compra de alimentos a los trabajadores en huelga, y tenía vínculos tanto con el Partido Socialista como con el Partido Comunista.13 La ayuda mutua y las cooperativas (incluida la Federación de Cooperativas del Sur/Fondo de Asistencia Agraria) han sido durante mucho tiempo estrategias importantes para la supervivencia y el progreso comunitario de las comunidades agrícolas negras que luchan contra la supremacía blanca.14 Pero el ejemplo más instructivo es el de los programas de supervivencia del Partido Pantera Negra (BPP, por sus siglas en inglés), entre los que destaca su programa de desayunos gratuitos para niños en edad escolar, que proporcionó un “modelo de autoayuda comunitaria” y cubrió las evidentes carencias en la prestación de servicios sociales como parte de una estrategia explícita para disputar el poder político.15

En este momento, diversas voces del movimiento están pidiendo una estrategia combinada de “bloquear y construir”, que consiste tanto en resistir al autoritarismo como en desarrollar el poder y la capacidad de nuestros movimientos para promover nuestra causa.16 Los ejemplos más politizados mencionados anteriormente sugieren que el movimiento de economía solidaria tiene importantes contribuciones que hacer tanto para bloquear como para construir, ya que las economías alternativas pueden funcionar tanto como estrategias de supervivencia como hogares políticos, dando forma a la conciencia del movimiento que necesitamos para movilizar a nuestro pueblo a la lucha. La economía solidaria puede fomentar granjas que no sean solo lugares de producción, sino también puntos de referencia para nuestros movimientos; y la economía solidaria ofrece un modelo para construir un sistema alimentario democrático, a través de la propiedad cooperativa de procesadores, distribuidores, minoristas y cadenas de suministro completas.

En este momento, sin embargo, los vínculos entre los grupos que construyen economías alternativas y los grupos que participan en luchas políticas son débiles. Muchas personas en nuestros movimientos estarían de acuerdo en que estas orientaciones son complementarias, no antagónicas; pero, como lo experimentó AJP, a menudo es difícil poner en práctica estas estrategias en conjunto.17 A pesar de los retos, ese es el camino hacia el poder; si este momento nos enseña cómo establecer estos vínculos, nuestros movimientos saldrán ganando.

Adaptar la estrategia a las ambiciones#

AJP siempre ha insistido en que el poder popular es la clave para lograr justicia en la agricultura. Sin embargo, en la práctica, no hemos tenido mucho éxito a la hora de fomentar el tipo de participación popular amplia que es la fuente del poder del movimiento. Al seguir a los estrategas de movimientos sociales, hemos llegado a comprender que la escasa participación es un problema generalizado en los movimientos de Estados Unidos, resultado de los cambios que se han producido a lo largo del tiempo en la forma en que nuestras organizaciones abordan el cambio social.

Según la organizadora sindical Jane McAlevey, el trabajo organizativo profundo, centrado en desarrollar el poder de la gente común, ha perdido terreno frente al trabajo de defensa y las campañas superficiales de movilización, lo que ha reducido el alcance de nuestros movimientos (ver El cabildeo, la movilización, la organización).18 Durante décadas, el AJP y otras organizaciones similares se han centrado en estrategias de defensa o movilización adaptadas a un ecosistema de movimientos debilitado, en el que el personal desempeña un papel central llevando a cabo campañas de gran envergadura, mientras que la gente común desempeña un papel secundario como “actores simbólicos, no participantes centrales”.19 En otras palabras, la gente común aparece para la foto, pero no para la planificación de las acciones. Dado que el poder del movimiento se mide en número de personas y profundidad de compromiso, este enfoque limita considerablemente lo que podemos lograr.

  • El cabildeo, la movilización, la organización

    “La organización deposita la capacidad de acción necesaria para el éxito en una base de gente del común en continua expansión, una masa de personas que nunca habían estado involucradas en la causa y que no se consideran en absoluto a sí mismas como activistas —ese es el punto de la organización—.” Leer más

McAlevey sitúa esta historia en el contexto del declive, que se prolonga desde hace décadas, de las organizaciones con gran número de miembros y de la participación ciudadana.20 Hay muchas razones que explican ese declive, aunque las organizaciones que integran el movimiento también tienen parte de responsabilidad, ya que a menudo recurrieron a estrategias de supervivencia y campañas ingeniosas porque carecíamos del número suficiente de miembros para alcanzar objetivos más transformadores.21 La solución, según insiste McAlevey, es reinvertir en el trabajo organizativo, centrándose en la labor lenta e intensa de cultivar el liderazgo desde las bases, construyendo el poder popular que hace posibles los objetivos transformadores, conversación a conversación.22

Este diagnóstico sobre la necesidad de una estrategia clara y una práctica organizativa más profunda es ampliamente compartido.23 Esto no quiere decir que la organización en masa sea el único tipo de trabajo de movimiento que necesitamos, pero un ecosistema de movimientos más fuerte, uno que construya y sostenga movimientos que logren grandes victorias, requerirá mucha más inversión en organizaciones de base que activen y empoderen a un gran número de personas comunes y corrientes, así como una variedad de organizaciones e instituciones que fomenten la formación de bases y una cultura más amplia de trabajo organizativo. Para ser claros, el modelo de creación de bases no es una solución rápida: estas organizaciones también se enfrentan en este momento a retos reales para mantener la participación, alinearse con objetivos transformadores en lugar de locales, captar fuentes de financiamiento que valoren el intenso trabajo de organizar, y mucho más. Al igual que el resto de nuestro ecosistema del movimiento, el modelo de construcción de la base se creó para circunstancias diferentes: moldeado especialmente por las concesiones al estado liberal y anticomunista de la época de la Guerra Fría. Y nos queda trabajo por delante para adaptar y reinventar este modelo con el fin de alcanzar nuestros grandes objetivos hoy en día. Pero las organizaciones de fortalecimiento de la base también son las gestoras de habilidades de trabajo organizativo cruciales que son muy incomprendidas y no son apreciadas lo suficiente alrededor del resto de nuestros movimientos. No será fácil darle un giro a nuestro ecosistema del movimiento hacia una dirección diferente, pero no tenemos alternativa: sin una base en masa, nuestros movimientos no tienen un camino viable hacia el poder.24

Coaliciones más sólidas y un frente unido para defender la democracia#

Algunas personas se unen a una coalición y evalúan el éxito de la misma en función de si se sienten bien o no cuando llegan al éxito. No están buscando una coalición: ¡están buscando un hogar!... La razón por la que tenemos dificultades es que nos encontramos en un punto en el que, para dar el siguiente paso, tenemos que hacerlo con personas que no nos importan mucho.

Bernice Johnson Reagon, “Coalition Politics”
[La política de la coalición]

Aunque los movimientos suelen emplear el término “solidaridad” para referirse a un sentido de conexión y destino compartido dentro de un grupo, el AJP lo emplea específicamente para referirse a la creación de conexiones entre grupos diversos: construir coaliciones, unir nuestras diferentes luchas para construir un “nosotros” más grande. La razón por la que hacemos este llamado es que las luchas de los movimientos agrícolas afectan el núcleo de la estructura de la sociedad estadounidense, y nuestras diferentes organizaciones, incluso nuestros diferentes movimientos, no pueden alcanzar nuestros objetivos sin mucho más poder. Pero, como Bernice Johnson Reagon analiza en su célebre discurso sobre el tema, el trabajo de coalición no es fácil. Una buena coalición es necesariamente incómoda. Muchas iniciativas de coalición se enfrentan a dificultades debido al nivel de compromiso que exige este trabajo, lo que da lugar a “coaliciones muy débiles y sin sentido”.25 A veces esto se debe a una falta de capacidad, otras veces a una falta de alineación o coordinación, y otras veces a malos hábitos en torno a la competencia con nuestros posibles aliados. La experiencia real de la coalición a menudo puede ser desalentadora, pero la historia del movimiento ofrece ejemplos importantes de cuando coaliciones amplias, por temporales e imperfectas que fueran, lograron cambios transformadores, desde la abolición de la esclavitud hasta las mejores partes del *New Deal *[Nuevo Trato], entre otros. El trabajo en coalición es también el camino que deben seguir nuestros movimientos para alcanzar el éxito en nuestra época.

Los organizadores veteranos tienen sugerencias sobre cómo practicar la coalición de manera más eficaz. Bill Fletcher, Jr. y Fernando Gapasin abogan por una estrategia sistemática para “identificar a las personas y fuerzas… que tienen suficientes intereses comunes para unirse” con el fin de fusionar nuestras diferentes luchas en un “bloque sociopolítico”.26 En sus palabras:

“Tomando prestada una idea planteada por la izquierda sudafricana, debemos delinear las bases mínimas para la unidad con el fin de lograr un conjunto de objetivos que fortalezcan el poder de la clase trabajadora. Este objetivo más amplio requiere que los organizadores piensen de manera muy amplia sobre quiénes deben estar presentes para elaborar un plan estratégico. Muchos de los esfuerzos se tropiezan en este paso. Con demasiada frecuencia, los sindicatos y otras formaciones progresistas se centran únicamente en los grupos con los que les gusta trabajar, con los que tienen un historial de colaboración y con los que se sienten cómodos, en lugar de centrarse en quiénes deberían estar presentes para alcanzar sus objetivos”.27

Hoy en día, las coaliciones regionales más audaces demuestran cómo se aplica esta estrategia en la práctica. Los sindicatos de maestros y maestras de Chicago y Los Ángeles han logrado victorias históricas, impulsadas por alianzas comunitarias sin precedentes, al utilizar sus luchas contractuales para obtener beneficios para los estudiantes y la comunidad, tales como mejores instalaciones, prohibiciones de la aplicación de las leyes de inmigración en las escuelas y mucho más.28 Una coalición informal aún más amplia de sindicatos, asociaciones de inquilinos y organizaciones comunitarias de Minneapolis y St. Paul “ha logrado un avance tras otro: comidas escolares gratuitas y permisos de conducir para inmigrantes indocumentados; que Amazon negociara con los trabajadores por primera vez; un salario mínimo de 15 dólares”; y mucho más (véase el recuadro “De la profunda alineación al frente unido”).29

Este enfoque ambicioso y sistemático de la coalición no se practica de forma generalizada, y nosotros mismos en el AJP no hemos sido tan sistemáticos. Sin embargo, la necesidad de mejorar la estrategia de coalición constituye una parte importante de los debates internos del movimiento sobre cómo mejorar nuestra práctica de trabajo organizativo, y el éxito de los ejemplos anteriores sugiere que vale la pena estudiar este enfoque. Para los movimientos agrícolas, esto plantea varias cuestiones que tendremos que abordar; una cuestión importante es cómo nuestras diversas necesidades y objetivos se alinean con los de posibles aliadas y aliados más allá de nuestras coaliciones habituales.30 Se necesitará un gran esfuerzo para lograr una amplia alineación en torno a muchos de los objetivos transformadores a largo plazo de los movimientos agrícolas que hemos destacado en este informe, pero el momento actual nos exige abordar algunas prioridades que ya son ampliamente compartidas. Lo más urgente es defender a las trabajadoras y los trabajadores migrantes y a las agricultoras y agricultores de una campaña sádica de deportaciones masivas que está destrozando comunidades y pisoteando derechos civiles fundamentales. Aunque atacan principalmente a los inmigrantes, la fuerza paramilitar nacional que el Gobierno está creando y entrenando a través de estas ocupaciones urbanas supone una amenaza para todas las personas. Además, toda la gente en la industria agrícola se enfrenta a graves amenazas derivadas del cambio climático, que esta administración se ha comprometido a intensificar, al tiempo que destruye las instituciones que protegen a la población antes y después de las catástrofes: los servicios de respuesta a emergencias, la sanidad, los organismos reguladores laborales y medioambientales, entre otros.31

Defender a nuestro pueblo y nuestra democracia de estas amenazas urgentes es un objetivo que los movimientos agrarios comparten con una amplia mayoría de la población de Estados Unidos (y más allá). Para alcanzar esos objetivos, nuestros movimientos necesitan un tipo de coalición diferente al que hemos intentado en el pasado reciente.32 Necesitamos masas de personas que no estén profundamente politizadas, pero que valoren la vida y aprecien la democracia que tenemos; necesitamos instituciones liberales y centristas y sus recursos, incluidos muchos sindicatos, organizaciones alineadas con el Partido Demócrata y filantropía; y necesitamos la visión, la estrategia y la plataforma de los progresistas y la izquierda, para ayudar a la gente a imaginar una alternativa real al statu quo neoliberal que hizo posible el ascenso de Trump.

En el pasado, algunos movimientos han combatido con éxito el autoritarismo mediante frentes unidos: amplias coaliciones que unen sus fuerzas contra un enemigo común, al menos de manera temporal.33 Los frentes unidos no están tan estrechamente coordinados como una coalición profundamente alineada, pero la idea es trabajar juntos hacia un objetivo común, bloquear el autoritarismo y promover la democracia, mediante acciones disruptivas y escalables. Tal fue el caso de Sudáfrica (que mencionan Fletcher y Gapasin), donde el Congreso Nacional Africano, el Partido Comunista Sudafricano y otros formaron un Frente Democrático Unido para derrotar al régimen del apartheid. Este no es un modelo con el que la mayoría de nosotros tengamos experiencia, y va en contra de las tendencias comunes en nuestras culturas de movimiento. Sin embargo, el trabajo de frente único tiene profundas raíces en las tradiciones organizativas, incluyendo la Lucha por la Liberación Negra y el Nuevo Trato Verde.34

Varias organizaciones del movimiento están creando rápidamente un frente unido para encarar la amenaza autoritaria en Estados Unidos. Entre los líderes actuales se encuentran People’s Action y Organizing Revival Network; la coalición del movimiento sindical May Day Strong [Somos Más]; y la amplia alianza No Kings. Estas formaciones, así como el pequeño pero dedicado grupo Freedom Trainers, están entrenando a miles de personas en tácticas de desobediencia civil masiva, centradas en los resortes del poder. Los miembros de May Day Strong están organizando “escuelas solidarias” comunitarias y laborales locales con el fin de coordinar acciones regionales. Los organizadores están trabajando para reforzar y ampliar rápidamente estas iniciativas.

  • De una profunda alineación al frente unido

    “Si nuestras demandas van más allá de los pequeños avances incrementales que se consiguen en las negociaciones tradicionales, entonces debemos formar parte de un conjunto de organizaciones [de construcción de poder] que puedan actuar con mayor rapidez y poder”. Leer más

Muchas personas del movimiento agrícola ya están participando a título individual y en nuestras comunidades, pero creemos que es importante sumarnos a esta lucha también con nuestras organizaciones del movimiento agrícola, en la medida de lo posible. De esta manera, podemos atraer a más personas del sector agrícola al frente unido, mejorar nuestras habilidades de coalición y vincular nuestras luchas con las de los aliados del movimiento. Los movimientos agrícolas tienen buenas razones para invertir en un frente unido, incluso más allá de nuestros objetivos inmediatos. Si un esfuerzo conjunto es capaz no solo de defender la democracia, sino también de impulsarla, estaremos en condiciones de comenzar a alcanzar nuestros objetivos a largo plazo: poner fin a la exclusión de ciertas clases de trabajadores de los derechos y protecciones básicos; acabar con el terror, la culpabilización y la superexplotación de los inmigrantes; poner fin al acaparamiento de la tierra y la vivienda por parte de la clase inversora; lograr la justicia racial y las reparaciones en muchas formas; y conseguir un futuro habitable y una sociedad que promueva la paz y la justicia.

Los movimientos agrícolas también tienen puntos fuertes que podemos aprovechar para persuadir a un frente unido de que vaya más allá de la defensa y luche por un futuro justo. Basándonos en la historia de exclusión de los trabajadores agrícolas, podemos argumentar que los derechos y libertades deben aplicarse a todas las personas. Basándonos en la historia de la agricultura industrial, podemos orientar los movimientos hacia una agricultura ecológica que funcione en armonía con el suelo, los ecosistemas y las comunidades que nos sustentan. Con nuestros aliados en todo el mundo, podemos defender la justicia global y la soberanía alimentaria, un sistema alimentario que proteja a los guardianes de la tierra, independientemente del lugar donde vivan.

La gente se está levantando y movilizando, y las personas que defienden la tierra deben estar en primera línea. Nuestro futuro colectivo depende de eso.


  1. Robert Goldstein, Political Repression in Modern America from 1870 to 1976 [Represión política en EE. UU. modernos de 1870 a 1976]; INCITE! Women of Color Against Violence [Las mujeres de color en contra de la violencia], The Revolution Will Not Be Funded: Beyond the Non-Profit Industrial Complex [La revolución no será financiada: más allá del complejo industrial de las organizaciones sin fines de lucro]; Karen Ferguson, Top down: The Ford Foundation, Black Power, and the Reinvention of Racial Liberalism [Desde arriba: La fundación Ford, el Poder Negro y la reinvención del liberalismo racial] and “The Perils of Liberal Philanthropy” [Los peligros de la filantropía liberal]. ↩︎

  2. Janet Poppendieck, Sweet Charity?: Emergency Food and the End of Entitlement [¿Dulce caridad?: los alimentos de emergencia y el fin de la titularidad]; Julie Guthman, “Thinking inside the Neoliberal Box: The Micro-Politics of Agro-Food Philanthropy” [Pensando desde el Neoliberalismo: la micropolítica de la filantropía agroalimentaria]. ↩︎

  3. Aaron Bobrow-Strain, “White Bread Bio-Politics: Purity, Health, and the Triumph of Industrial Baking” [La biopolítica del pan blanco: pureza, salud y el triunfo de la panadería industrial]. Véase también la genealogía de Julie Guthman sobre las diferentes raíces del movimiento orgánico en Agrarian Dreams [Sueños agrarios]. ↩︎

  4. Keeanga-Yamahtta Taylor & Daniel Denvir, “Donald Trump’s Victory, the Elitism of Democrats, and the Need to Build a Hospitable Left” [La victoria de Donald Trump, el elitismo demócrata y la necesidad de construir una izquierda acogedora]; Ntanya Lee & Steve Williams, More than We Imagined: Activists’ Assessments on the Moment & the Way Forward [Más de lo que imaginamos: las valoraciones de activistas del movimiento y el camino adelante]; Jane McAlevey, No Shortcuts: Organizing for Power in the New Gilded Age [No hay atajos: Organizar el poder sindical]; Barbara Ransby, Making All Black Lives Matter: Reimagining Freedom in the Twenty-First Century [Hacer que todas las vidas negras importen: re-imaginando la libertad en el siglo XXI]; Keeanga-Yamahtta Taylor, From #blacklivesmatter to Black Liberation [De #lasvidasnegrasimportan a la liberación negra]. Como un ejercicio comparativo, ver el caso de MST en Brazil: Rebecca Tarlau, “What U.S. Organizers Can Learn From Brazil’s Landless Workers Movement” [Lecciones que los organizadores de los Estados Unidos pueden aprender del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brazil]. ↩︎

  5. El reciente libro Practical Radicals [Radicales prácticos] es un excelente recurso para reflexionar sobre la estrategia de los movimientos sociales. Los autores Deepak Bhargava & Stephanie Luce analizan la necesidad de una estrategia para el movimiento, sintetizan las estrategias más comunes y sus maneras de funcionamiento, y ofrecen una recopilación de herramientas y recursos de todo el movimiento. ↩︎

  6. In Cathy Cohen’s words, “Sometimes the work of building a political home for folks that protects them from daily attacks on one’s body and being may become so consuming that the collective politics of resistance and organizing become less of a priority” (“Building a Political Home”). ↩︎

  7. Según Eric Mann, “Los cuadros son los organizadores más desarrollados, comprometidos y dedicados. Los cuadros son la columna vertebral de la organización; juntos forman la estructura esquelética sobre la que se puede construir una organización más grande” (Playbook for Progressives: 16 Qualities of the Successful Organizer [Guía para el progreso: 16 cualidades de un organizador éxitoso], pp. 71-4). Para más información sobre una organización de movimientos que fue de gran influencia y que buscaba formar a su membresía en cuadros, véase LeftRoots↩︎

  8. Jenna Allard et al., Solidarity Economy: Building Alternatives for People and Planet [Economía solidaria: construyendo alternativas para las personas y el planeta]. ↩︎

  9. Como cuando el sindicato United Steel Workers firmó un acuerdo con las cooperativas Mondragón de España para llevar el modelo Mondragón a Estados Unidos, lo que finalmente condujo a la fundación de Co-op Cincy y Co-op Dayton, una incubadora de cooperativas sindicales en Ohio. Ver Rebecca Lurie y Bernadette King Fitzsimons, A Union Toolkit for Cooperative Solutions [Un kit de herramientas sindicales para soluciones cooperativas]. ↩︎

  10. Monica White, Freedom Farmers: Agricultural Resistance and the Black Freedom Movement [Agricultores por la libertad: la resistencia agrícola y el Movimiento por la Liberación Negra]. ↩︎

  11. Algunas cooperativas no deberían considerarse parte de la economía solidaria en absoluto, ya que no comparten los principios del movimiento cooperativo y no distribuyen la riqueza de manera más equitativa. Un ejemplo son las grandes cooperativas agrícolas de California, como Sunkist, que pueden ser cooperativas en forma, pero que en la práctica están controladas por grandes empresas con un uso intensivo de capital. Ver Don Mitchell, The Lie of the Land [La mentira de la tierra] y Richard Walker, The Conquest of Bread: 150 Years of Agribusiness in California [La conquista del pan: 150 años de agronegocios en California], p. 205ff. ↩︎

  12. Michelle Switzer, “Ciudad Futura: Reimagining the Left in Argentina” [Re-imaginando la izquierda en Argentina]; FIAN et al., “Solidaridad, no a la explotación: apoyamos a quienes trabajan en el sector alimentario, desde el campo a la mesa”; Rebecca Tarlau, “What U.S. Organizers Can Learn From Brazil’s Landless Workers Movement” [Lecciones que los organizadores de los Estados Unidos pueden aprender del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brazil]. ↩︎

  13. Ver el Capítulo 3 del libro de Lowell Dyson, Red Harvest: The Communist Party and American Farmers [Cosecha roja: El Partido Comunista y los agricultores estadounidenses]. ↩︎

  14. White, Freedom Farmers [Agricultores por la libertad]. ↩︎

  15. JoNina Abron, “‘Serving the People’: The Survival Programs of the Black Panther Party” [Al servicio del pueblo: los programas de supervivencia del Partido Pantera Negra] en The Black Panther Party [Reconsidered] [El Partido Pantera Negra [Reconsiderado]]↩︎

  16. La publicación Convergence Magazine ha promovido de manera constante el término “bloquear y construir” para describir esta estrategia múltiple (ver “Block and Build 2.0” [Bloquear y Construir 2.0]), pero muchos otros han propuesto una orientación similar con términos diferentes. Ver, por ejemplo, Erik Olin Wright, How to be an Anti-Capitalist in the 21st Century [Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI]. ↩︎

  17. Erik Olin Wright sugiere que al menos parte de esta dificultad está relacionada con los diferentes tipos de organizaciones que se requieren para llevar a cabo estas diferentes estrategias (How to be an Anti-Capitalist [Cómo ser anticapitalista], p. 120). Y, como muchos de nosotros hemos experimentado en espacios de coalición, se necesita mucho esfuerzo, habilidad y apoyo para coordinar el trabajo entre organizaciones, punto. Ver la discusión sobre la coalición más abajo y otros recursos en el apéndice↩︎

  18. McAlevey, No Shortcuts [No hay atajos]. Consultar especialmente los Capítulos 1 y 2 sobre el retroceso general del movimiento sindical respecto al trabajo organizativo dirigida por miembros y la influencia anti-democrática de Saul Alinsky. ↩︎

  19. No Shortcuts [No hay atajos], p. 56. ↩︎

  20. Theda Skocpol, Diminished Democracy [La democracia disminuida]. ↩︎

  21. Hay que dejar claro que los sindicatos y organizaciones de trabajadores agrícolas merecen especial consideración, ya que han tenido que luchar contra niveles extremos de oposición e intolerancia por parte de los agricultores y con herramientas y recursos muy limitados. ↩︎

  22. En la jerga del trabajo organizativo, una “conversación organizativa” es una conversación individual con el objetivo explícito de motivar a una persona a participar (o mostrar liderazgo) en alguna acción colectiva. Hay muchos recursos que ofrecen más detalles sobre cómo estructurar las conversaciones de trabajo organizativo. Ver, como ejemplo, Alexandra Bradbury, et al., Secrets of a Successful Organizer [Los secretos de un organizador exitoso]. ↩︎

  23. Ver, por ejemplo, Chris Dixon, Another Politics: Talking across Today’s Transformative Movements. [Otra política: conversaciones sobre los movimientos transformadores actuales]; Keeanga-Yamahtta Taylor, From #blacklivesmatter to Black Liberation. [De #lasvidasnegrasimportan a la liberación negra]; Beth Jacob y James Mumm, El antídoto contra el autoritarismo: cómo un renacimiento organizativo puede construir una democracia multirracial pluralista y una economía inclusiva; Charles Payne, I’ve Got the Light of Freedom: The Organizing Tradition and the Mississippi Freedom Struggle [Tengo la luz de la libertad: La tradición del trabajo organizativo y la lucha por la libertad en Mississippi], especialmente el Capítulo 13. ↩︎

  24. McAlevey sitúa la obra de Saul Alinsky en este contexto (No Shortcuts, Capítulo 2); ver también Clément Petitjean, Occupation: Organizer. ↩︎

  25. Greg Nammacher en Minneapolis Fight Back [Minneapolis resiste], The Dig, citado en “De una profunda alineación al frente unido.” ↩︎

  26. Bill Fletcher, Jr., y Fernando Gapasin, Solidarity Divided: The Crisis in Organized Labor and a New Path toward Social Justice [Solidaridad dividida: la crisis del movimiento sindical y un nuevo camino hacia la justicia social], p. 174. ↩︎

  27. Solidarity Divided [Solidaridad dividida], p. 174. Con énfasis agregado. ↩︎

  28. Alexandra Bradbury et al., How to Jump-Start Your Union: Lessons from the Chicago Teachers [Cómo reactivar tu sindicato: lecciones de los maestros de Chicago]; Kari Lydersen, “Against Trump, For the Common Good: What Chicago Teachers Won in Their Latest Contract” [En contra de Trump, por el bien común: lo que los maestros de Chicago lograron en su último contrato sindical]; Alex Caputo-Pearl, “Los Angeles Teachers’ Road to Durable Power, 2014–2016” [El sostenido camino al poder de los maestros de Los Angeles, 2014-2016], “‘There Are So Many Things That We Can Learn From This Strike’” [Hay tantas cosas que podemos aprender de esta huelga], and “UTLA/Reclaim Strike Showed What Labor + Community Can Do” [La huelga de los Maestros Unidos de Los Ángeles (UTLA)/Coalición Reclaim nos enseñó lo que la colaboración entre la comunidad y el sindicalismo pueden logran]. ↩︎

  29. Sarah Jaffe, “The Minnesota Model Is Transforming Organizing as We Know It” [El Modelo Minnesota está transformando el trabajo organizativo como lo conocemos] and “The Most Important Labor Story Right Now Is in Minnesota—It Might Be the Model We All Need” [La historia sindical más importante ahora en Minnesota; puede que sea el modelo que todos necesitemos seguir]; Amie Stager, “Minnesota’s Labor Week of Action Is a Bold Experiment in Social Justice Unionism” [La semana sindical de Minnesota es un audaz experimento del sindicalismo por la justicia social]. ↩︎

  30. Cabe destacar que cada una de estas alianzas entre trabajadores y comunidades tiene sus raíces en el ecosistema político de una ciudad o área metropolitana. Muchos de los objetivos de los movimientos agrícolas deberán abordarse a mayor escala, aunque estas coaliciones políticas locales son los pilares para ampliar el poder del movimiento más allá de una ciudad y ya han ejercido su influencia a nivel estatal. Cabe señalar que las campañas Good Food Communities (coordinadas por Alianza de Trabajadores de la Cadena Alimentaria y HEAL Food Alliance) mencionadas anteriormente en este informe son espacios que conectan a los trabajadores agrícolas y agroalimentarios, los agricultores y otros actores del sistema alimentario en coaliciones centradas en un área metropolitana. ↩︎

  31. Además de sus intentos por recortar drásticamente la plantilla federal y los presupuestos de las agencias, la administración de Trump ha llegado incluso a desviar la capacidad que aún tiene el gobierno hacia sus objetivos autoritarios; por ejemplo, “los empleados de FEMA ahora tienen la tarea de clasificar miles de solicitudes de empleo de ICE, mientras que los fondos de emergencia de la agencia se han desviado para financiar campos de detención”; Macher, “Enforcement Regime” [“El régimen de aplicación de la ley”]; ver Priscilla Alvarez, “Inside ICE’s Messy Effort to Hire 10,000 More Officers” [“Los entresijos del caótico esfuerzo de ICE por contratar a 10,000 agentes más”]; Courtney Rozen, “US States to Get $608 Million from FEMA to Build Migrant Detention Centers” [“Estados de los EE. UU. recibirán 608 millones de dólares de la FEMA para construir centros de detención de migrantes”]. ↩︎

  32. Beth Jacob y James Mumm, El antídoto contra el autoritarismo: cómo un renacimiento organizativo puede construir una democracia multirracial pluralista y una economía inclusiva; Erica Chenoweth et al., “Organizing Against Autocracy in the US” [Organizándonos contra la autocracia en Estados Unidos]; Erica Chenoweth & Zoe Marks, “Pro-Democracy Organizing against Autocracy in the United States: A Strategic Assessment & Recommendations” [El trabajo organizativo pro-democrático contra la autocracia en Estados Unidos: evaluación estratégica y recomendaciones]; Maurice Mitchell & Doran Schrantz, “Building a United Front” [Construyendo un frente unido]. ↩︎

  33. Los frentes unidos también se denominan a veces ‘frentes populares’. Estos términos tienen historias diferentes, pero reflejan la misma idea básica. ↩︎

  34. Rishi Awatramani, “Want to Fight Fascism? Look to U.S. History” [¿Quiere luchar contra el fascismo? Mire la historia de los Estados Unidos]. ↩︎