Barra lateral

Cambios en la inmigración: de trabajadores explotados a solicitantes de asilo

Sobre los factores cambiantes que impulsan a las personas a emigrar

Extracto de una entrevista de varias partes en el podcast The Dig, sobre los acontecimientos en América Central. La transcripción ha sido editada ligeramente para brindar más claridad.

A crowd of people in a makeshift camp under mesquite trees.

Inmigrantes de una caravana acamparon a lo largo de la frontera durante la política “Permanecer en México” de Trump (y posteriormente de Biden), en enero de 2020.

Daniel Denvir: Quisiera finalizar refiriéndome a la migración a gran escala desde la región [centroamericana].

Hilary Goodfriend: No es un empujón y expulsión unilateral, es una relación dialéctica. La migración es tanto el producto como la premisa de la reestructuración neoliberal. Es central a la acumulación de patrones en ambos lados de la frontera. Estoy incluyendo México y la cuenca del Caribe más ampliamente en lo que hemos visto desde 2008, pero especialmente desde la pandemia, una especie de fractura o desintegración total del patrón migratorio prevaleciente bajo el neoliberalismo que se caracterizó por la migración indocumentada masiva de una gran cantidad de mexicanos, mayormente hombres adultos quienes fueron incorporados a los rangos más bajos del mercado laboral estadounidense precisamente a través de su criminalización. Y es por esto que la criminalización progresiva de la migración y la militarización de la frontera durante la década de los ochenta y noventa y principios de los dos mil, coincide con un aumento masivo de la población indocumentada.

No fue hasta la crisis financiera y la Gran Recesión que todos estos indicadores comenzaron a desenredarse y revertirse. La población indocumentada en los EE. UU. se reduce por primera vez, la migración mexicana bajó, y las poblaciones que han sido arrestadas en la frontera de EE. UU. se componen cada vez más de, primero, mujeres, niños y familias centroamericanas, y ahora después de la pandemia, personas también personas de Suramérica y el Caribe, y más allá de este hemisferio. No solo eso, sino que los repertorios migrantes han cambiado, no están simplemente buscando entrada irregular sin ser detectada. Muchos migrantes comenzaron a organizarse en caravanas para presentarse a las autoridades y solicitar asilo. Y todo esto es en respuesta a un cambio en los EE. UU. de una lógica de cumplimiento a una de fomentar la deportabilidad, lo que significa, fomentar la ilegalidad (es decir, cerrar las vías a la ciudadanía) para poder garantizar la inserción subordinada de estas poblaciones criminalizadas a la economía de EE. UU. para explotarlas más que para expulsarlas; un cambio de una postura que favorece la expulsión y exclusión masivas, mientras se crean estas categorías cada vez más precarias, temporales, contingentes y altamente vigiladas como el TPS [Estatus de Protección Temporal], DACA [Acción Diferida para los Llegados en la Infancia], libertad condicional humanitaria y similares.

Así que estos cambios en tres frentes distintos: la composición de las poblaciones migrantes, sus repertorios de movilidad, y las lógicas del cumplimiento de EE. UU., son todos indicadores de esta crisis del patrón de migración neoliberal, el cual yo pienso que podemos decir corresponde a este desglose más amplio de la acumulación neoliberal en ambos lados de la frontera, mucho más allá de simplemente Centroamérica. Por supuesto, Venezuela y Cuba, específicamente Venezuela, cuentan con un número desproporcionado de personas que están desplazadas en este período. Y son en gran medida víctimas de la intervención directa de Estados Unidos a través de políticas de cambio de régimen. Pero, por supuesto, las cantidades en crecimiento de refugiados climáticos no pueden ser comprendidos separado de estas crisis enredadas de nuestra economía política.

La economía de EE. UU. sigue exigiendo la mano de obra inmigrante tanto calificada como no calificada. Lo que está en juego en esta llamada crisis fronteriza es más bien, ¿cuáles son las condiciones bajo las cuales, y en qué proporciones, y en qué sectores estarán las personas nacidas fuera de los EE. UU. participando de la economía? Y creo que esa pregunta que hace, no sólo cómo se vería una política de migración justa, sino también una economía política que podría acomodar tanto el derecho de migrar como el derecho de permanecer en un hogar y comunidad; esa es una pregunta más amplia tanto para los ciudadanos como para los no ciudadanos. La perpetuación de estos regímenes de comercio y seguridad que impulsan un desarrollo disparejo y que extraen valor de la periferia al centro, y su reproducción garantizará que lo que venga después mantendrá estas desigualdades.

Women and men work at sewing machines in a factory.

Industria maquiladora en Tlaxcala, Mexico, 2019. Crédito: Isaacvp, Wikimedia Commons, CC-BY-SA 4.0.

Jorge Cuéllar: La migración de Centroamérica realmente se impulsó, como mencionó Hillary, a mediados de la década de 1970 y durante los 80, en donde pasa lo que hemos hablado: las guerras centroamericanas que se estaban llevando a cabo en la región, y la administración de Reagan fue desafiada por esta narrativa de las muchas personas solicitando asilo y refugio en los Estados Unidos, que vienen huyendo de formas de desigualdad y la amenaza de guerra que afectó a la mayoría de los países que hoy tratamos de categorizar como el “Triángulo Norte”. Tenemos que ser realmente específicos acerca de esos tres países: Guatemala, Honduras, El Salvador.

Curiosamente, a menudo olvidamos que existían sistemas preexistentes de movilidad de personas dentro de la región, el acuerdo fronterizo centroamericano, CA4, que permitió a muchos países, incluida Nicaragua, “moverse en la región” y encontrar formas de vivir y tener una vida digna al otro lado de las diferentes fronteras. La imposición de los controles fronterizos al estilo de EE. UU. en la región es una política de cercamiento para mantener a una fuerza laboral súper explotada en cuarentena en algunas maneras en Centroamérica, para poder brindar servicio a la economía de los call centers (centros de llamada), las maquilas,1 todas estas formas de trabajo flexible en las que están acorralando a los centroamericanos. Esto también le agrega a la olla de presión de la migración que explotará de diferentes maneras con el tiempo.

Lo que está sucediendo con las caravanas, estas son las personas más pobres entre los pobres en términos de migrantes que están dejando estos países. Todas las personas más adineradas se han marchado o se marcharían de forma más organizada mediante visas y otras formas de movilidad remunerada. Las caravanas son una expresión de la increíble miseria de los centroamericanos que se marchan en masa buscando la seguridad en los grupos grandes. Y este también se vuelve un momento en donde, del lado de la frontera de EE. UU., el discurso xenofóbico se intensificó y se refieren a las caravanas como una “horda invasiva de personas”. Y esto no solo comienza a estimular otra vez el miedo del migrante, del “otro”, que es racializado y supuestamente un individuo sub-humano viniendo del sur, y también la militarización de estas zonas… Tienes el fenómeno de DACA y de TPS que siempre es el perpetuo tema de pertenencia para las personas de Centroamérica, y cada vez más haitianos y otros en los Estados Unidos. DACA y TPS siempre están en la tabla de corte. Eso crea estas condiciones de impermanencia en los Estados Unidos y ese ciclo de deportación, en donde en muchos casos las personas son deportadas de regreso a Centroamérica a realidades inhóspitas impactadas por la inseguridad a todos los niveles; la inseguridad criminal o la inseguridad social, también la inseguridad del clima, la inseguridad alimentaria. Y todos estos diferentes factores contribuyen a que muchas de esas personas estén intentando volver de nuevo.

Con relación a lo que podríamos considerar una resolución, no es lo que hemos escuchado en el ciclo de elecciones de 2024 en torno a atacar las “causas fundamentales”, porque la manera que las causas fundamentales son articuladas por el gobierno de EE. UU. es simplemente más de lo mismo: es una inversión en el sector privado como el único sitio para soluciones y para solucionar los problemas sociales. Está apoyando y legitimando regímenes autoritarios. Así es como Estados Unidos siempre ha tratado con la región. Es por eso que figuras como [el presidente de El Salvador], Nayib Bukele son toleradas por Estados Unidos porque aparentemente están frenando la migración, aunque estadísticamente sabemos que eso no es cierto, porque el proyecto de Bukele no está abordando las desigualdades fundamentales que son de larga data y que están tan profundamente arraigadas desde todos estos momentos de los que hemos estado hablando, que datan de la década de 1980, donde estas cosas simplemente han empeorado con el tiempo.

Hilary Goodfriend and Jorge Cuéllar, “Crypto Dystopia or Popular Democracy” [¿Criptodistopía o democracia popular?], The Dig, 2024.


  1. Las maquilas (también llamadas maquiladoras) son fábricas en zonas especiales de libre comercio, para poder sacar ventaja al trabajo barato en un país sin pagar las tarifas locales típicas de ese país. Estas fábricas están altamente concentradas en el norte de México junto a la frontera de EE. UU. y tienen la mala reputación de violar los derechos de trabajo y verter residuos tóxicos sin tratar en arroyos y alcantarillas. Ver la película Maquilapolis: City of Factories [Ciudad de fábricas], dirigida por Sergio de la Torre y Vicky Funari, 2005. Ver también el Capítulo 14 en Justin Akers Chacón y Mike Davis, Nadie es ilegal: la lucha contra el racismo y la violencia de estado en la frontera entre México y Estados Unidos. ↩︎